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La trama de ficción en el aula

Ficcio aula matemàtiques

Mayeli es una buena alumna de primero de Bachillerato, pero no quiere saber nada de la lectura de La vida es sueño, que hacemos en clase de literatura. Y La vida es sueño hay que leerla, porque, hombre, entra en el temario y ¡porque le ha cambiado la vida a tanta gente! Pero Mayeli no encuentra la puerta de entrada a La vida es sueño. De momento, la obra es un lugar inhóspito y blindado.

Hasta que una mañana, el profesor de física da una clase exprés de física cuántica y Mayeli se da cuenta de que los sentidos la engañan. Que cuando ella cree que está tocando una mesa, en realidad solamente percibe la vibración de la mesa, pero que mano y mesa nunca se llegan a tocar. Y Mayeli tira del hilo y piensa: «¿Y si la cosa no termina aquí? ¿Y si resulta que todo es una ilusión, un engaño de los sentidos? Aún más, ¿y si todo fuera un sueño?». Y entonces recuerda que en clase de literatura estaban leyendo una obra de teatro sobre un prisionero, a quien constantemente le intentan convencer de que su realidad es un sueño. Y piensa: «¿Y si yo fuera como Segisberto, el protagonista de La vida es sueño?». Y Mayeli se engancha a la lectura. ¿Sabéis por qué? Porque antes se ha hecho una pregunta. El protagonista de La vida es sueño se llama Segismundo, no Segisberto, pero no importa. Mayeli ya lo recordará más adelante. Porque ahora Mayeli ha encontrado una puerta de entrada a la obra. Su puerta de entrada, la que mejor le va. Y ha sido gracias a la física. Gracias a una conexión.

Las matemáticas y la vida

¿Y no es este, en parte, el trabajo del docente? Diseñar distintas puertas de entrada que despierten preguntas en los diferentes tipos de alumnos. Que fomenten las conexiones entre ámbitos del conocimiento y entre maneras de aprender, para que así todo el mundo sea bienvenido a la fiesta del conocimiento. Pocas frases son tan ciertas como esta: en clase, cuantos más y más distintos seamos, más reiremos.

Ahora estamos en clase de mates: a Mayeli le va bien llegar a los retos y a los problemas directamente desde la abstracción. Jacob, de 3º de ESO, en cambio, necesita manipular primero y después dar el salto a la abstracción. Y Dunia, de 1º de ESO, de momento, ni una cosa ni otra. Además, como hace tantos años que le dicen (y se dice a sí misma) que no sirve para las mates, ya casi ni lo intenta. Es el drama de las profecías autocumplidas. De los pensamientos autolimitantes.

Pero un día, en clase de matemáticas de 1º de ESO, le muestran un vídeo de 5 minutos donde un personaje de ficción, una chica como ella, Sam, explica unos problemas que a Dunia le recuerdan a los suyos. Sam también cree que no sirve para las mates y que las mates son aburridas, porque aún no ha encontrado su puerta de entrada. Sam tampoco no sabe qué está haciendo en el mundo, ni cómo ordenar el caos que la envuelve. Lo que cuenta Sam, a Dunia le interesa y quiere saber más.

La semana siguiente, de la mano de Sam, Dunia descubrirá que un día un sumerio necesitará dejar por escrito cuántas vacas le debía a su vecino, y que lo hizo cerrando unos conos de arcilla dentro de una bola también de arcilla, y pensará: «mira qué bien, así se inventaron los números escritos». Y otro día descubrirá que la estrategia del cover-up para afrontar un reto algebraico es también una estrategia para afrontar la vida.

El viaje de Sam

Esta serie de ficción que Dunia ve en clase se llama El viaje de Sam. Los alumnos que hacen Innovamat la ven en primero y segundo de ESO. Se trata de una historia protagonizada por una chica de unos catorce años que un día aparece en un mundo extraño, sin saber ni cómo ha llegado allí ni qué se espera de ella. Un poco como se sienten todos los alumnos en estas edades. Poco a poco, irá descubriendo qué hace allí y qué la relaciona con los personajes que se va encontrando, todos matemáticos importantes de la historia. Así, Sam, y los alumnos como Dunia, irán entendiendo que las mates no son una mera abstracción, ni mucho menos un mísero instrumento, sino un lenguaje complejo y precioso para explorar y entender el mundo. Y que las matemáticas avanzan siguiendo las necesidades humanas reales y no las… curriculares.

Por ejemplo, aprenderán la relación entre las potencias y la necesidad de Arquímedes de operar con números grandiosos; que la cultura occidental tardó en aceptar la llegada de los números enteros, porque aún no se habían hecho las preguntas necesarias; que Brahmagupta murió pensando que un número dividido entre 0 es 0, lo cual le hará recordar a Dunia que los errores son los cimientos de futuros aciertos. Y que la primera ganadora de la medalla Fields, la iraní Maryam Mirzakhani, quería ser escritora antes de enamorarse de las mates en secundaria (curiosamente a la edad de Sam y Dunia, quienes, por cierto, también sienten predilección por la escritura).

Así, a partir de la vida de Sam, Dunia y otros alumnos recordarán que las matemáticas y la vida están íntimamente relacionadas, porque son un lenguaje para descubrir el mundo, disfrutarlo y mejorarlo. Todo esto repleto de referencias culturales que, por un lado, conectan con el universo de los alumnos y, por otro, lo amplían. ¿Astérix y Obélix, BTS, Harry Potter o El viaje de Chihiro en el aula de matemáticas? ¡Sí, por supuesto! El cerebro es un centro de conexiones significativas potentísimo, y nuestros alumnos lo saben. De hecho, así es como aprenden: conectando.

Sam y las habilidades socioemocionales

Y por último, seguir tan de cerca el viaje de Sam por el mundo de las matemáticas nos permite humanizarlas e introducir el trabajo de habilidades socioafectivas en el aula de matemáticas. El miedo al error; la responsabilidad; la perseverancia; la ruptura de las profecías autocumplidas y los pensamientos autolimitantes. Y también luchar con garantías contra la angustia matemática. Introduciendo la ficción dentro del aula de matemáticas, los alumnos encuentran un espejo donde se reflejan sus miedos y al mismo tiempo un modelo para combatirlos. Y es una puerta nueva a los saberes y habilidades matemáticas para una tipología de alumnos que antes quizá no sabían cómo entrar.

  • Verónica Sánchez Orpella

    Ha estudiado Humanidades y Periodismo en la Universidad Pompeu Fabra. Ha dado clases de Literatura en institutos de Barcelona y Nueva York. Actualmente, combina la docencia y la coordinación curricular en L'Horitzó (Barcelona) y la escritura de guiones de la serie El viaje de Sam en Innovamat. En 2014 ganó el premio Carlemany con la novela juvenil Coses que no podrem evitar (Columna)

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