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Cómo fomentar la participación de las mujeres en matemáticas

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El 12 de mayo es el Día Internacional de la Mujer Matemática. Un día que celebra todas las aportaciones de mujeres en el campo de las matemáticas y que comparte fecha con el nacimiento de la iraní Maryam Mirzakhani, la primera mujer en ganar la Medalla Fields. Este galardón reconoce las aportaciones de matemáticos menores de 40 años, y Mirzakhani lo ganó gracias a sus contribuciones en el campo de la geometría y de los sistemas dinámicos. ¡Pero no es la única mujer que ha cambiado el curso de las matemáticas! En este artículo, os presentaremos algunas, intentaremos entender mejor por qué hay menos mujeres que estudian matemáticas y qué podemos hacer desde los centros educativos para revertir esta situación.

Mujeres y matemáticas: ¿cuál es la raíz del problema?

Empezaremos con unos datos poco sorprendentes: en la carrera de informática, el 86 % de los matriculados son hombres, según un estudio del SIIU (Sistema Integrado de Información Universitaria) de este año. En ingeniería, los hombres representan el 74 %, y en matemáticas y estadística, el 64 %. Vayamos al otro lado: el 82 % de los alumnos de enfermería son mujeres. En psicología, representan el 76 %. En medicina, las mujeres ya representan el 69 %. Y, atención, en educación infantil son el 92 %.

Amaya Mendikoetxea, delegada de Igualdad de la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas (CRUE) y una de las colaboradoras del estudio, señala que la brecha se ensancha cuando nos fijamos en ramas teóricas. Por ejemplo, física es donde hay menos mujeres, apunta, pero la desigualdad es aún mayor si hablamos de física teórica. Y Mendikoetxea también habla de la percepción que tenemos respecto a que el pensamiento teórico es terreno de los hombres.

Cuando presentaron el estudio, Mendikoetxea también dio una perspectiva histórica y explicó que, cuando las mujeres se incorporaron a la educación universitaria, hace poco más de un siglo, lo hicieron sobre todo en las áreas que perpetuaban el rol de la mujer dentro de la familia y la sociedad, es decir, áreas relacionadas con los cuidados.

No sé qué opináis vosotros, pero pensándolo mucho, me asaltan dos ideas. Por un lado, estamos seguros de que los cuidados son vitales: que alguien entienda las necesidades del cuerpo y del alma y dé respuestas (logísticas, físicas y emocionales) para satisfacerlas, asegura la supervivencia —y el bienestar— de los miembros de una sociedad. Por otro lado, sabemos también que las mujeres hemos salido del encorsetado rol de los cuidados y, por lo tanto, hoy estudiamos lo que queremos porque queremos. Pero atención, porque quizás se nos ha escapado un detalle: ¿Y si la carrera de Matemáticas también fuera una carrera orientada a los cuidados?

Hacer matemáticas cura

Yo vengo de dos carreras de letras. Si me hubiera quedado con lo que me enseñaron en la escuela, todavía pensaría que los matemáticos solo se dedican a resolver cálculos dificilísimos, muy abstractos, alejados de la vida. Ahora, después de tres años trabajando con Laura Morera, Albert Vilalta, Marc Caelles y tantos otros compañeros de Innovamat, sé que las matemáticas y la vida son una misma cosa. Y que sin mates, no hay arte. Ni música. Ni una parte de la filosofía. Evidentemente, tampoco biología, ni medicina. Ni física, ni química. Ahora sé que las matemáticas buscan la belleza, hacen el mundo mejor. Y mira por dónde, eso también son cuidados. Desde una vertiente filosófica, casi espiritual, las mates contribuyen a los cuidados del alma. Y desde la vertiente más utilitarista, las mates contribuyen a los cuidados del cuerpo: sin matemáticas no hay medicina, ni enfermería, ni biología; todas, carreras mayoritariamente femeninas y dirigidas a los cuidados.

Así pues, muchos más hombres de los que pensamos se dedican a los cuidados a través de las matemáticas. Y, si en la escuela y en el instituto se enseñara qué quiere decir hacer matemáticas, quizás muchas más mujeres se sentirían atraídas por ellas. Como decía Edward Frenkel en su éxito de vendas Love and Math: The Heart of Hidden Reality (2015):

Se necesitan más mujeres referentes en matemáticas: La tubería que gotea

¿Habéis oído hablar de la tubería que gotea? Os lo explicábamos con detalle en el artículo «Niña y mujer en las ciencias». Allí reflejábamos cómo las mujeres tienen una representación mayor o igual que la de los hombres en las primeras etapas de la carrera investigadora (grado D o predoctoral), pero pocas llegan a los rangos más altos (grado A o profesorado de investigación/catedrático). Y hablábamos del problema de la representación: si no hay referentes, las alumnas no encuentran dónde reflejarse. La sociedad les niega la posibilidad de llegar allí.

Amable lector, lectora, ¿cuántas mujeres matemáticas conoces? Así, sin pensar demasiado.

¿Ya?

Con suerte habrás pensado en Hipatia. O, si has visto la película Figuras ocultas, quizás conozcas a Katherine Johnson, la calculadora de la NASA. Pero Hipatia y Katherine Johnson, dos referentes potentísimos, son insuficientes para taponar la tubería que gotea. Y eso genera un círculo vicioso: si no hay referentes, los alumnos interiorizan que los matemáticos son hombres (Pitágoras, Newton, Arquímedes, Euclides, Euler, Gauss…). Esto hace que menos chicas tengan las matemáticas en el horizonte universitario y laboral; y si pocas chicas estudian matemáticas, seguirá siendo difícil encontrar representación femenina que inspire a las futuras generaciones.

Pero a ver: ¿y si negamos la mayor?

¿A qué viene esta obsesión por que las mujeres hagan matemáticas? En Innovamat somos firmes defensores de la conversación matemática. Y una conversación matemática, como cualquier intercambio, se beneficia de la diversidad de puntos de vista. Ya lo decía Maria Montessori, otra firme defensora de la conversación en el aula: no tengamos miedo de las ratios grandes, porque generan conversaciones más ricas en el aula. Cuantas más sensibilidades haya, mejor. Así que con más miradas matemáticas femeninas, la conversación se enriquecería, porque se multiplicarían las sensibilidades y los focos de interés. No invitar a las mujeres a la fiesta es negar la voz y la perspectiva de la mitad de la población. Después ocurre que enviamos a una mujer al espacio y le damos 100 tampones para pasar seis días.

 

El papel de los docentes para incentivar la mirada femenina de las matemáticas

Entonces, si estamos de acuerdo en que el mundo se beneficiaría de que las mujeres estudiaran matemáticas, ¿qué podemos hacer los docentes? Quizás todo se resume en enseñar matemáticas de verdad. Enseñar que las matemáticas son retos, resolución de problemas, conversación, conexión, observación, creatividad. Y para ello, debemos utilizar todas las herramientas que tengamos a nuestro alcance. Uno de los trabajos más importantes de los maestros es abrir diferentes puertas a nuestras disciplinas, porque ya sabemos que no todos los alumnos entran del mismo modo. ¿Recordáis el éxito de las tiendas de juguetes Imaginarium? Quizás todo se debía a la puerta pequeña, hecha a medida de los niños. Los niños sentían que estaba hecha para ellos, pensando en ellos. Y, si como adulto entrabas en la tienda por esa puerta minúscula, agachándote, te transformabas de nuevo en un niño e interactuabas con los juguetes de manera diferente. Te dabas permiso para jugar, que es, por cierto, una de las mejores cosas que puede pasar en un aula de matemáticas. Porque si hay juego, hay pregunta, hay movimiento. La clase, entonces, se convierte en un lugar lleno de vida, y no en un cementerio de conocimiento.

Total, que nuestra misión es construir puertas diferentes para que los alumnos entren. En el mundo de las matemáticas, hay alumnos que entran a través de la manipulación; otros, a través de la abstracción, y otros, quizás, a través de las historias. Desde Innovamat, estamos seguros de que la narrativa y la historia son puertas muy potentes por donde entrar a las matemáticas. Ya lo decía un estudio de Zazkis y Liljedahl en 2009: presentaban la narración de historias como un medio para crear un aula donde se comprendieran y se disfrutaran las matemáticas.

Fieles a este principio, en Innovamat hemos creado una serie de ficción para secundaria, enmarcada en una narrativa que trenza la biografía de matemáticos, hombres y mujeres relevantes en la historia. Es un canto de sirena hacia las mates. Partimos de lo micro —la anécdota, la vivencia personal, la vulnerabilidad— para establecer vínculos emocionales, porque a partir de la emoción es más fácil acercarse al conocimiento. De hecho, ya sabemos que difícilmente hay aprendizaje sin emoción.

Quienes nos conocéis, ya sabéis que la narrativa la introdujimos también en las etapas de infantil y primaria, pero dejadme que hoy os hable de la narrativa de secundaria. La serie que hemos creado tiene como protagonista a Sam, una alumna de unos quince años que se siente totalmente alejada de las matemáticas. Pero claro, se siente así porque no las conoce. Como yo cuando era alumna. Quizás como tú, lector, lectora. O como muchos alumnos —chicos y chicas— que nos rodean. Un día, Sam se despierta en un mundo extraño, rodeada de matemáticos de la historia, y a través de sus biografías y sus descubrimientos hace un viaje para descubrir quién es ella y cuál es su lugar en el mundo.

Mujeres matemáticas que han cambiado la historia

En El viaje de Sam, acompañan a la protagonista diferentes personalidades de la historia de las matemáticas, entre las que destacan muchas mujeres. Así pues, de la mano de Sophie Germain, los alumnos descubren la historia de la matemática que trabajó con números primos, pero que, además, tuvo que hacerse pasar por hombre para poder publicar textos matemáticos. Y con Ada Lovelace se sorprenden de que el primer programa informático de la historia saliera de las manos de una mujer. Y cuando saben que esta mujer, además, era amante de la poesía y el arte, acaba de descuadrarles todo. También descubren a Florence Nightingale, que consiguió grandes avances en enfermería gracias a encontrar una manera eficiente de comunicar sus resultados estadísticos desde un hospital de campaña. O aprenden cómo Katherine Johnson tuvo que superar los prejuicios raciales; o cómo Maryam Mirzakhani, iraní y la primera mujer en ganar la Medalla Fields, hizo grandes cambios en la geometría hiperbólica y trabajaba echada en el suelo, sobre rollos de papel enormes, hasta el punto de que su hija se pensaba que su madre era pintora, y no matemática.

Por eso, porque creemos en el poder transformador de las historias, terminamos con unas pinceladas biográficas de las mujeres matemáticas que acompañan a Sam en su viaje. Sus vidas, a veces llenas de poesía, a veces llenas de prosa (como las nuestras, de hecho) pueden servir de trampolín para el salto —presente y futuro— de nuestras alumnas. Venid, pasad, pasad.

Hipatia

HipatiaHipatia fue una matemática, filósofa y maestra griega. Vivió en Alejandría, Egipto, en el siglo IV d. C. Hija del matemático Teón de Alejandría, se convirtió en la directora de la Escuela Neoplátonica de Alejandría, donde enseñó filosofía y matemáticas.

Hipatia hizo importantes contribuciones a las matemáticas, especialmente en las áreas del álgebra y la geometría. Sabemos que escribió varias obras influyentes —aunque desgraciadamente se perdieron— gracias a las referencias posteriores. Su trabajo más conocido es el comentario sobre el Almagesto de Ptolomeo, donde trató aspectos sobre teoría de números y geometría.

Sophie Germain

Sophie Germain

Sophie Germain nació en Francia en el siglo XVIII. Hizo contribuciones significativas en varios campos de la matemática, pero sobre todo se la conoce por las aportaciones en teoría de los números.

Aprendió matemáticas de manera autodidáctica, puesto que en la época en la que vivió era difícil para las mujeres acceder a la educación científica. Por eso, firmaba las investigaciones y teorías bajo el seudónimo masculino Antoine-Auguste Le Blanc, y así podía comunicarse con otros matemáticos. Estudió relaciones entre números primos, y, actualmente, hay unos especiales que se conocen como «primos de Germain». Se trata de los números primos que cumplen que su doble más 1 también es número primo.

Sophie Germain también fue pionera en el estudio de las ecuaciones diofánticas y contribuyó a la demostración del teorema de Fermat en los casos de exponente 5. Su trabajo fue reconocido en vida, y fue la primera mujer en recibir un premio de la Academia de Ciencias de Francia.

Ada Lovelace

Ada Lovelace

Ada Lovelace fue una matemática y escritora inglesa que vivió en el siglo XIX. Es considerada la pionera de la programación, ya que escribió el primer algoritmo destinado a ser procesado por una máquina, la «Máquina analítica» de Charles Babbage. A través de su trabajo, Lovelace vio el potencial de la máquina no solo como calculadora, sino también como generadora de música e imágenes, y exploró la idea de que podía programarse para procesar cualquier tipo de información.

La aportación de Lovelace fue esencial para comprender el potencial de las máquinas programables e influyó en la evolución de la informática. Ada Lovelace es una figura icónica en la historia de la informática: abrió la puerta a una nueva era de la tecnología.

Florence Nightingale

Florence Nightingale

Florence Nightingale fue una enfermera británica del siglo XIX. Nighingale fue una de las fundadoras de la enfermería moderna, y también hizo contribuciones significativas en el campo de la estadística y la sanidad pública.

Diagrama de la rosa nightingale

Florence Nightingale utilizó sus habilidades en matemáticas y estadística para analizar los datos sanitarios recogidos durante la guerra de Crimea. Demostró que la mayoría de las muertes entre los soldados no se debían a las heridas de guerra, sino a las condiciones insalubres de los hospitales militares. Presentó sus conclusiones en gráficos estadísticos, utilizando lo que hoy se conoce como «diagrama de la rosa de Nightingale» o «diagrama de área polar», que es una forma de visualizar los datos en un círculo dividido en sectores de radios desiguales.

Sus análisis tuvieron un impacto muy significativo y se considera que fue pionera en el uso de las estadísticas para mejorar la salud pública.

Katherine Johnson

Katherine Johnson

Katherine Johnson fue una matemática y física americana, nacida en 1918, que trabajó para la NASA durante más de 30 años. Fue parte de las «calculadoras humanas», un grupo de matemáticas que hicieron cálculos complejos para los primeros programas espaciales de los Estados Unidos. Su trabajo fue fundamental para el éxito de las misiones espaciales, incluyendo el vuelo del primer astronauta americano en la órbita terrestre, John Glenn, y la misión Apolo 11, que llevó a la primera tripulación de astronautas a la Luna.

Johnson superó las barreras raciales y de género de su época para convertirse en una de las matemáticas más importantes de la historia. Su trabajo fue reconocido con la Medalla Presidencial de la Libertad, la máxima distinción que el gobierno de los Estados Unidos puede otorgar a un civil.

Maryam Mirzakhani

Maryam Mirzakhani

Maryam Mirzakhani fue una matemática iraní nacida en 1977. Fue la primera mujer en recibir la Medalla Fields, gracias a sus aportaciones en geometría y sistemas dinámicos. Mirzakhani desarrolló nuevas herramientas matemáticas para el estudio de las formas geométricas complejas y resolvió problemas en las teorías de las superficies de Riemann.

Su trabajo fue reconocido internacionalmente y fue galardonada con numerosos premios y reconocimientos durante su vida, que desgraciadamente terminó en 2017 debido a un cáncer de mama. Mirzakhani también fue una defensora de las mujeres en la ciencia y trabajó para promover la educación en ciencias entre las mujeres y las niñas, especialmente en Irán.

Si damos visibilidad a las mujeres que han aportado tanto a las matemáticas, quizás consigamos lo más importante: que las alumnas se familiaricen con ellas y las tengan en su horizonte de expectativas. Porque de eso va la educación, ¿no? De enseñar el mundo y sus posibilidades y recordar a los alumnos que ellos (¡y ellas!) tienen el derecho y el deber de comprenderlo, disfrutarlo y mejorarlo.

  • Verónica Sánchez

    Ha estudiado Humanidades y Periodismo en la Universidad Pompeu Fabra. Ha dado clases de Literatura en institutos de Barcelona y Nueva York. Actualmente, combina la docencia y la coordinación curricular en L'Horitzó (Barcelona) y la escritura de guiones de la serie El viaje de Sam en Innovamat. En 2014 ganó el premio Carlemany con la novela juvenil Coses que no podrem evitar (Columna)

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